LAS ROPAS DEL VINO

A medida que se accede a nichos de mercado más exigentes, "accesorios"  como la botella o la etiqueta juegan un rol de marketing determinante.  En el tema se mezclan innovación e historia.

Junto con el vino, la botella encierra una curiosa mitología.  De su capacidad, por ejemplo, se dice que los 750 centímetros cúbicos provienen de la capacidad pulmonar del artesano que lo soplaba.  Otra versión habla de que un quinto de galón era la cantidad ideal para un hombre, "cuando los hombres eran hombres", agregaría, probablemente, una abuelo.

Los ejemplos, más allá de su rigor histórico, dejan ver que la botella, por sobre su condición de recipiente, significa.  No sólo contiene,  también comunica.  Un rol digno de apuntar, en un negocio como el vino, donde el marketing hace muchas veces la diferencia ente el éxito y el fracaso.  Compuesta en 70% de arena, 29% de ceniza de sosa y 1% de refinadores, una botella será operacionalmente buena si no presenta problemas en la línea de llenado que impliquen riesgos para el consumidor, como residuos de vidrios u otros. 

En sus orígenes, se preparaba artesanalmente, mediante soplidos, en un espectáculo visual que aún hoy se puede apreciar en algunos rincones de Europa.  De allí precisamente provienen los formatos más usados actualmente.  Con la intención de diferenciar su producto de las otras regiones, los vitivinicultores del viejo continente comenzaron a utilizar determinados tipos para sus vinos.  Así, en Burdeos zona de tintos, se difundió la botella de hombros altos y rectos, de color verde hoy llamada bordelesa.  Otro tanto ocurrió con los blancos del Rhin, que se embotellaron en otras aflautadas y de largos cuellos.  Actualmente, los modelos más difundidos son las ya mencionadas, para tintos y blancos, y la borgoña, con hombros botados de color miel en que hoy día se ven los Chardonnay.  La tradición transformó estos usos en verdaderos códigos en la actualidad.  Sobre ese espectro básico, de Burdeos, Bodelesa y Rhin, las variedades pueden ser infinitas, tanto en combinaciones de cuellos como de color.    La botella tiene un rol comunicacional, que indica calidad, pero también señala un estilo y transmite sensaciones, asociaciones. Una botella innovadora representa a una compañía joven que busca su identidad en el mercado.  Es muy importante la relación que ésta tiene con la etiqueta, de modo que la propuesta de diseño debe integrar ambas.  Hay allí un doble juego que transmite sensaciones y cierta historia. En esa búsqueda de identidad, cada mercado ha desarrollado un estilo propio.  Los más innovadores, era que no, son los italianos reyes del diseño.  La tónica allí son formas y colores diversos, como los azules e incluso los rojos, y formas alargadas, de cuellos chuecos o tronco cónicas.

     

 

 

La Cara del Vino "La Etiqueta"

Cuenta la historia que en 1945, terminada la guerra, el barón Phillipe de Rothschild, tras recuperar sus viñedos de Medoc francés de manos de los nazis, encargó una etiqueta con la V de la victoria a un joven pintor francés.  La idea se volvió tradición, y desde entonces, pintores como Picasso, Warhol o Dalí, han sido comisionados para la tarea.  El pago:  diez cajas del excelente Chateau Mouton.

Más que copiar la idea, lo que hay que atender aquí es la preocupación por la etiqueta.  Un elemento clave que, al final de cuentas, junto a la botella, termina siendo la cara del vino.   La etiqueta no sólo informa, sino que dice algo más sobre la marca.  Puede proyectar una imagen, evocar un estado de ánimo, asociar con una geografía o concepto.  Dos partes la componen.  La etiqueta propiamente tal, la cara que se ve en el mostrador, y la contraetiqueta, la leyenda que va en el reverso.   La idea es que se sustente en una estrategia de marca y complemente los otros puntos de contacto de la marca, como los catálogos, el web, etc.     Cada etiqueta debiese contar una historia que puede ser aventurera, familiar, etc.  Según esa historia y esas evocaciones, surgen diversos estilos. En el caso australiano, por ejemplo. se evoca la vida al aire libre, aventurera, ruda, joven, algo así como cocodrilo Dundie.  Los franceses en cambio, tan orgullosos de sus vinos como de su idioma, apelan a la tradición.  Un castillo y una inscripción en francés bastan.

                                                                                      

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