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El Champagne es
antes que nada un vino, que responde a un proceso de fermentación, pero
un vino al fin. En Chile lo asociamos a un carácter festivo,
pero ya es momento de considerarlo como un aperitivo o como
acompañamiento para las comidas.
Por naturaleza el Champagne es un vino blanco (aunque también hay rosé),
en el que habitualmente se utilizan las variedades Chardonnay, Pinot
Meunier y Pinot Noir. La mezcla de estas variedades tintas y blancas
ofrece como producto un vino espumoso que cubre una amplia gama de
intensidades, algunos muy ligeros y otros mucho más intensos.
Dependiendo del tipo de comida que se quiera acompañar, hay que
distinguir los estilos del Champagne.
Los que tengan gran proporción de Chardonnay se distinguen por sus aromas
delicados, sus notas florales, su fineza. Estos acompañan
perfectamente las ostras, ostiones y crustáceos con sabor dulce como la
centolla o la langosta, ideal para tomar el aperitivo.
Pero si lo que buscamos es un vino elaborado con mayor cantidad de Pinot
Noir, encontraremos un estilo de Champagne vinoso, con más volumen en
boca, más intenso y con más cuerpo. Aquí convendría acompañar
un pescado más potente y con más textura, como también algún plato de
carnes blancas y carnes rojas.
Hace 70
años que Francia está restringiendo el uso de la denominación de
"Champagne", que atribuye como denominación de origen sólo a
los vinos espumosos que provienen de su comarca Champagne, al este de
Francia. España dejó de usarlo en 1960. Lo cambió
exitosamente por Cava. Según el sommelier Pascual Ibáñez A.
"Champagne es una zona bastante fría que produce vinos con poca
graduación alcohólica con una punzante acidez debido a sus altos
residuos de gas carbónico". Por eso, Francia reclama para sí
el exclusivo derecho de
denominación para su producto.
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