TRADICIONES -  LICORES ARTESANALES

 


En 1910, la extensión de la asignatura Tecnología de Alimentos hacia la Enología, facilitó el que viejas recetas sobrevivan hasta nuestros días.   
Es el licor de oro de las islas de Chiloé , o el de pimienta de los colonos alemanes del sur.

 

 

 

ALAMBIQUES 
El cobre desde antaño, sigue siendo el metal amigo de la obtención de alcoholes gota a gota.  En pequeño tamaño todavía sobreviven en medio de los bosques de Doñihue


La destilación del licor de oro, el de pimienta, el de nueces, los brandys añejados o el Armagnac, constituyen parte de tradiciones enológicas artesanales más que centenarias en nuestro país.  Las lideran los habitantes de algunas islas de Chiloé, colonizadores alemanes del sur, gente de Chillán, Talca o Constitución y, por su puesto, la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile.  Si bien es cierto la base fue y es la riqueza de la fruticultura nacional, la llegada de sus recetas hasta nuestros día facilitó porque dicha universidad, a partir de 1910, creyó necesario extender lo que significaba la asignatura de Tecnología de Alimentos, con las raíces de la enología.

Pero, como los gustos etílicos del chileno se aprovechan de las tradiciones y también de las oportunidades, los enólogos los siguen produciendo, pero también recomiendan calidad y no cantidad.

Es que llegado el "momento", el chileno acepta espumantes, secos o demisec para algunas celebraciones, sin importar la hora; consume blancos o rojos en la comida;  vinos dulces o licores para una fiesta tarde; fuertes contra el frío y ponches y combinados para acompañar la conversación de grupo.  Por supuesto, amén de la cerveza negra y la blanca y las bebidas de fantasía que también tienen su espacio ganado.

Barriles reciclados de buenas maderas europeas, aún aportan al envejecimiento de alcoholes y la producción de licores.

   

Son los aperitivos y los bajativos, los tragos para olvidar, los ponches componedores y los espirituosos digestivos.  Otros se conforman con la chicha cruda o la cocida; el piñeño; el chacolí; el borgoña; la mistela; el clery; el jote;  la champaña del pobre; el terremoto; el cuarto mocho; el yugoslavo, el chichón o los mejoradores de la resaca de mejor nivel, como es la paloma, el corriente chuflay o el sorpresivo ponche de Culén.   Está el guindado y el apiado; el licor de nueces, de mora, plátano o limón.  Lo que interesa es que la base del licor sea un aguardiente normado según la Ley de Alcoholes.  En todo caso, si va a  Doñihue por un buen aguardiente,  ¡cómprelo embotellado! con etiqueta responsable de su productor o en un comercio autorizado.  Es que el aguardiente de la comuna de Rancagua en la VI Región, "es una institución" por su excelente calidad, pero se transforma en un pasaje seguro hacia el hospital, si se obtiene de origen dudoso.

A la vera del río Claro, en Talca, descubrimos que el licor artesanal se ha transformado en el apoyo digestivo obligatorio, tras platos como la "plateada" con chancho en piedra; los pejerreyes del Maule o las ancas de ranas.  No en vano la fruta se macera en aguardiente "bidestilado" (90-92 grados) al sol en barricas de madera. Y se cuida la calidad de cada elemento como el azúcar - sea miel, jarabe o almibar de pelo - porque resulta fundamental en la calidad del licor.  Son recetas con frutas, hierbas y hasta de flores rescatadas de secretos de antepasados o de antiguas haciendas, como también recuerdo de grandes licoreros. También se usaban como base el whisky,  brandy, vodka o alcohol de cereales, pero éstos determinan su sabor y aromo final.

Fernando Guevara F., es un agrónomo que terminó siendo experto gastronómico del río Claro, en Talca. Y en esta tarea de mejorar la apariencia, el sabor y calidad de sus exclusivos bajativos nativos, le acompaña su esposa Rosa, autora también de una receta para e licor de oro, de Chiloé.  De sus manos salen los licores de ruda, higo, níspero, zarzaparrilla, guinda, membrillo, nuez, avellano y hasta del americanísimo arándano.  Claro que se trata de recetas cuyo resultado se recibe en seis u ocho meses o un año, que es lo que demora el licor de nuez, previamente machacada en verde, recién cortada del árbol.  Distintos son los procedimientos para obtener licores cristalizados, cremosos o a base de esencias, que pueden ser motivo de otra crónica.  Pero todos requieren de una especial diligencia.  Hasta el licor de pera con la fruta entera en la botella, que es todo un desafío físico.  Tanto es así que hasta el agua se controla.  Debe ser destilada.  Si es corriente, se debe filtrar con papel, carbón o arena, para evitar el cloro y otras impurezas que perjudicarían su aroma.  Y las recetas pasan de mano en mano y de pueblo en pueblo.  En Constitución, por ejemplo, se recuerda a algunos negocios especializados en "mariscales" que incluía un apetitoso bajativo con el licor Sor Ruda.  En Chillán viejo, en tanto,
 imitaban el licor de oro de Chiloé, macerando la ciruela amarilla de la zona.  Pero con los licores del río Claro se confirma la vigencia del dicho de Talca, París y Londres.  Ingenieros y otros expertos de centrales hidroeléctricas que nacieron en el sur chileno como la Pehuenche, han retornado a sus países de origen como Inglaterra, Francia e Italia, con buena cantidad de ese licor artesanal en su equipaje.

Ponches en Leche

El licor de oro de Chiloé junto al popular "cola de mono", figuran entre los pocos destilados en leche que se conocen.  Otras mixturas se basan en hierbas, flores o especies frutícolas, se la la hoja,  la rama o el fruto verde o maduro como el ponche de culén. El huevo tampoco quedó ajeno a la maceración con aguardiente: Es el Rompón, espeso y dulzón, color amarillo como la propia yema.   El criollo cola de mono se masifica durante las fiestas de fin de año y las dieciocheras de septiembre, requiere de un buen aguardiente, café, clavo de olor, canela, vainilla, azúcar y paciencia para no "cortarlo".  

La mitología chilota traspasa el tiempo junto a un buen guindado, un licor de naranja o de su famoso 
Licor de Oro.

 

En cambio el licor de oro isleño depende de la maceración de la leche con limón, de la clasificación de su materia grasa y del lento filtrado botella por botella, gota a gota, para evitar los "turbios de la leche misma".   No hay cocción.  Previamente, según la receta, sus componentes se juntan durante diez días.  El secreto está en revolver la mezcla durante todo el período con cuchara de palo:  1 litro de leche, otro de alcohol; 1,5 kilo de azúcar, 8 clavos de olor; dos limones en torrejas; una cucharadita de azafrán; dos a tres almendras amargas, dos húmedos y fragantes palitos de vainilla.  ¿Por qué clavo de olor, vainilla y canela, todos juntos en algunas recetas?  Porque se trata de una maceración.  "El resultado es una mezcla que confunde el paladar, da frescor a la garganta y apacigua los jugos gástricos para lo que venga después".  

 

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