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Zonas tan disímiles y distantes como Limarí, Lo Abarca, Colbún o Melozal son interesantes nichos de diversificación. |
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pequeña "república", delimitada al norte por el valle de
Aconcagua, al sur por el río Biobío, al este por el pie de monte de Los Andes y al oeste por la Cordillera de la Costa. es la que hasta ahora ha servido de base al desarrollo del vino chileno. Mirada desde arriba, como en un mapa, parece un rectángulo perfecto, que casi se sobrepone a la depresión central de Chile. Allí están los valles históricos, a saber; Aconcagua, Maipo, Rapel, Curicó, Maule, Itata, y Biobío. No fue casual el asentamiento de la vid en estas regiones. Acostumbradas como el perro, a acompañar los asentamientos humanos, las primeras parras se plantaron en Copiapó, Santiago y algo más tarde, al norte del Biobío, la frontera hispano-mapuche. Desde allí, junto a los españoles, fueron colonizando el territorio, limitadas por dos elementos claves: el clima y la disponibilidad de agua. En ese pequeña república, la vid encontró un gran tesoro: el clima mediterráneo. La incorporación del riego por goteo, la cada vez menor disponibilidad de tierras y el convencimiento de la necesidad de diversificar el vino chileno. han llevado a incorporar nuevas zonas de cultivo. Surgen así las nuevas "repúblicas del vino", terrenos inexplorados, pero con gran potencial para el cultivo. Muchas veces ni siquiera se trata de valles, sino de lomajes, laderas de cerro e, incluso, terrazas costeras que, por una conjunción de clima y suelo, abre posibilidades para la incorporación de nuevos cepajes. Zonas como Leyda, Lo Abarca, Melozal, Colbún, Mulchén, Traiguén, Limarí, y Elqui, se anuncian como las sucesoras, por sus peculiaridades, de ya consolidado valle de Casablanca. UN VALLE BLANCO Y NEGRO Algo así como un laboratorio natural para el experimentación con nuevas cepas, blancas y tintas, es el Valle del Limarí, en la IV Región. Por su carácter transversal, la cordillera de la costa no impide el paso de la influencia marina, que penetra muy profundamente. El cajón, angosto, a la altura de Ovalle dobla al sur exponiendo una y otra vertiente al sol en distintos momentos del día. La Viña Francisco de Aguirre trabaja desde 1994 en la región, retomando una historia centenaria. Esta zona aporta difersificación a la producción, pues entrega un nuevo matiz, tanto en los aromos como en color. Los blancos poseen un marcado acento de frutas tropicales y tonos minerales que agrada mucho a los europeos y los tintos tienen unos tonos violáceos asombrosos. Alimentados con riego por goteo, actualmente se cultiva Chardonnay, Sauvignon Blanc, Viognier, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franco, Merlot, Syrah, Pinot Noir, y Sangiovese. VINO DEL SUR DEL MUNDO En Traiguén, un una zona de lomajes cercana a la cordillera de Nahuelbuta, rodeada de cultivos tradicionales, se encuentra la viña mas austral de Chile. Se trata de un pedacito de apenas cinco hectáreas, 630 kilómetros al sur de Santiago, en el que el enólogo Felipe de Solminihac, al borde de la excentricidad, "experimenta" con algunas cepas. Por el frío, en Traiguén todo ocurre más tarde. La brotación y la maduración se retrasan, por lo que variedades, como el Chardonnay, que en la zona central salen a fines de febrero, allá lo hacen en los últimos días de abril. La maduración a baja temperatura permite obtener perfumes de gran calidad. Como se obtienen racimos pequeños, de menos granos y más chicos, se consigue gran concentración, lo que le otorga al vino un poder de envejecimiento tremendo y con una acidez natural, ya que, a diferencia del centro, el ácido málico no se combustiona por el calor. Hasta ahora la joyita dela zona es le Chardonnay Sol de Sol, cosecha 2000. A ORILLAS DEL MAR Apenas 4 kilómetros separaran a los viñedos de Lo Abarca del mar. De hecho, si el visitante se empina por sobre los lomajes en que se emplazan las paras, puede ver, en línea recta, la playa de San Sebastián. Incrustadas en la vertiente occidental de la cordillera de la costa, una serie de nuevas plantaciones, en las localidades de Leyda y Lo Abarca, prometen ser un excelente "terroir" para los vinos blancos y algunos tintos especiales como el Pinot Noir. Las temperaturas, bastante bajas, con una máxima en verano de 26º, permite una lenta maduración de las uva y la consiguiente concentración de aromas, sobre todo en los blancos. En ese ambiente, la viña Casa Marín prueba sus primeras 25 hectáreas, de variedades MELOZAL, TALENTO DORMIDO Muy quitado de bulla, Melozal es un pedacito del valle del Maule, con una rancia tradición vinera. Ubicado a unos 30 kilómetros del sur poniente de San Javier, es un microvalle rodeado por cerros de mediana altura y cruzado al oriente por el río Loncomilla. Se trata de una zona cuyas primeras viñas, de rústicas variedades como País, Moscatel, Italia y Torontel, fueron plantadas a fines de siglo XVI por colonos alemanes para la elaboración de vinos poderosos. Con suelos de textura media, temperaturas que en verano se empinan hata los 35º en el día y bajan a los 12º en la noche, lomajes suaves que facilitan la exposición al sol, y lluvias que en el años acumulan 630 mm., los 32 km.2 que conforman Melozal son un verdadero paraíso para los vinos tintos. Las cepas con mejores perspectivas son claramente las tintas, como Cabernet Sauvignon y Carmenere, por las condiciones del clima. OLMUÉ, ALGO MAS QUE FRUTA Por su altitud, escapa a la nubosidad costera, con lo que presenta mayor insolación, amplitud términa y menor humedad. Los suelos, de baja fertilidad, garantizan un desarrollo equilibrado de la vid en cuanto a crecimiento vegetativo y producción. Olmué puede asociarse a las ventajas de Casablanca, como influencia costera, brisa marina, gran amplitud térmica, sin sus desventajas, como nubosidad. Variedades como el Chardonnay y Pinot Noir son adecuadas para la zona. AL PIE DE LOS ANDES En la precordillera andina hubo hasta hace veinte años viñas que, con la construcción del embalse Colbún, fueron inundadas. Se trata de lomajes de suelos pobres, de clima precordillerano, con gran luminosidad, importante diferencia de temperatura entre noche y día, sin nieblas ni heladas y baja humedad atmosférica. En ese clima, y en medio de dos quebradas que vierten sus aguas al lago, se encaraman las 5 hectáreas de Cabernet Sauvignon, Merlot y Sauvignon Blanc de Viña Ribera del Lago. La producción de vino se beneficia por el clima que permite una madurez lenta de las uvas. Por su condición montañoza, el trabajo de la viña es muy particular. Por topografía se realiza un trabajo artesanal, que incluye cosecha, despalillaje y molienda manual, con los mismos métodos de hace 100 años, pero con materiales inoxidables. La zona presenta potencial para cepas blancas y tintas, según el suelo y microclima específico.
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