EL VINO Y LOS REFRANES

Sabiduría popular a veces contradictoria, pero siempre producto de la experiencia, los refranes han acompañado a nuestra cultura desde sus inicios.  Son sentencias cargadas de ironía y metáforas;   a veces una dura realidad, a veces un consuelo, casi siempre una verdad divertida que colabora en el enriquecimiento del lenguaje cotidiano y
 robustece la identidad de los pueblos.

Conforme pasan los años nos vamos quedando sin ancestros:  perdemos a los abuelos, por ejemplo.  Y los abuelos eran pozos inagotables de refranes.   Sin embargo como herencia espiritual dejaron en nuestras memorias
 - muchas veces infantiles - la oportunidad, la hilaridad, la severidad del refrán.  
Después de leerlos sobreviene una risa incontenible:  reconocemos haber disfrutado plenamente al aplicarlos, con maldad más o menos exitosa, a situaciones de la vida diaria, muy cercanas, muy recientes.  Fue como si los abuelos hubieran vuelto al mundo para reir de buena gana con nosotros.

Todo pasa vertiginosamente. Ya vamos por el Tercer Milenio.  La computación cree haber liquidado al manuscrito.  Los cielos están superpoblados de cápsulas espaciales y satélites artificiales.  Sin embargo,  sigue siendo cierto que:

                                                     
 "Unos nacen con estrella
                                                                                Y otros nacen estrellados"

                                                                                                                                                                                                        

No hay refrán que no sea verdadero porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas, especialmente aquel que dice:  "Donde una puerta se cierra, otra se abre"  (Palabras de don Quijote)

El amor es el vino
que más pronto se avinagra.

                                                       

Amigos, oro y vino,
cuanto más viejos más finos.

Al pan, pan
y al vino, vino
Buenos es el vino, cuando el vino es bueno,
pero si el agua es de arroyo, pura y cristalina....
siempre es mejor el vino.

Con pan y vino se hace el camino.


Fiesta sin vino no vale un comino.

Para quitar los pesares,
no hay mosto de los lagares.

Si uno vino al mundo y no toma vino,
¿a qué vino?

Una comida sin vino
es como un día sin sol
Cuando el vino entra,
el secreto sale.
De nada sirve un buen vino
en un barril podrido.
A cena de vino
desayuno de agua.
El amor y el vino
sacan al hombre de tino.
El vino demasiado
ni guarda el secreto,
ni cumple palabra 

 (Cervantes)

El vino es un burlador;
el mucho beber engendra ira
(
Salomón)

Libro de los refranes
Selección y Prólogo  - Teresa Donoso Loero
Editorial Andrés Bello

 
ODA AL VINO

VINO color de día, vino color de noche,
vino con pies de púrpura o sangre de topacio,
vino, estrellado hijo de la tierra,
vino, liso como una espada de oro,
suave como un desordenado terciopelo,
vino encaracolado y suspendido,
amoroso, marino,
nunca has cabido en una copa, en un canto, en un hombre,
coral, gregario eres,
y cuando menos, mutuo.
A veces te nutres de recuerdos mortales,
en tu ola vamos de tumba en tumba,
picapedrero de sepulcro helado,
y lloramos lágrimas transitorias,
pero tu hermoso traje de primavera es diferente,
el corazón sube a las ramas,
el viento mueve el día, nada queda dentro de tu alma inmóvil.
El vino mueve la primavera, crece como una planta la alegría,
caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto.
Oh tú, jarra de vino, en el desierto con la sabrosa que amo,
dijo el viejo poeta.
Que el cántaro de vino al beso del amor sume su beso.

Amor mío, de pronto tu cadera
es la curva colmada de la copa,
tu pecho es el racimo, la luz del alcohol tu cabellera,
las uvas tus pezones,  tu ombligo sello puro estampado en tu vientre de vasija,
y tu amor la cascada de vino inextinguible,
la claridad que cae en mis sentidos, el esplendor terrestre de la vida.

Pero no sólo amor, beso quemante o corazón quemado eres, vino de vida,
sino amistad de los seres, transparencia, coro de disciplina, abundancia de flores.
Amo sobre una mesa,  cuando se habla, la luz de una botella de inteligente vino.
Que lo beban, que recuerden en cada gota de oro o copa de topacio o cuchara de púrpura
que trabajó el otoño hasta llenar de vino las vasijas y aprenda el hombre oscuro,
en el ceremonial de su negocio, a recordar la tierra y sus deberes,
a propagar el cántico del fruto.

Pablo Neruda

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